
La Academia Chilena de la Lengua, cuando
invita a participar en su seno a alguna persona vinculada a las Letras o
a las Humanidades, lo hace porque está consciente de los méritos del
invitado. Por tal motivo éste recibe, por lo menos, dos homenajes.
Cuando ingresa y otro cuando… se muere. Fallecido el miembro de la docta
institución, también recibe homenajes póstumos, por ejemplo, estos
“cuadernos” que en realidad son libros que contienen un significativo
porcentaje antológico.
El texto que hoy nos preocupa es, en efecto, uno de estos “cuadernos”
dedicados a examinar la vida y obra de un hombre múltiple: el poeta,
novelista, pintor y cronista Carlos Ruiz Zaldívar y cuya obra la
desarrolló prácticamente a lo largo de casi toda su vida en San Felipe
y, en general, la zona de Aconcagua. Él era Miembro Correspondiente en
dicha ciudad desde el 2002. Esto nos demuestra que desde la provincia
también se puede lograr un reconocimiento en Santiago, a veces muchísimo
como Gabriela y Pablo, a veces lo suficiente como para ser considerado
por la Academia Chilena de la Lengua.
Pues bien, Rafide inicia su texto con
una semblanza de Carlos Ruiz Zaldívar; en seguida da a conocer un
exhaustivo listado de todas sus obras para continuar con un análisis de
la actitud existencial del poeta, su fe religiosa y centrarse luego en
el análisis e interpretación de su obra poética. Matías destaca la
maestría de Ruiz Zaldívar para cultivar el romance, primero, y luego el
soneto, ambas formas tradicionales que requieren un muy buen dominio del
oficio poético.
Como señalábamos recién, Ruiz Zaldívar
también cultivó la novela, escribiendo sólo una que fue editada tres
veces: “El rucio Herminio”, que vivió y perpetró sus fechorías y
crímenes en la zona de Aconcagua hasta que fue acribillado a balazos por
los carabineros. Matías antologa dos capítulos de esta novela que se
sitúa dentro de la tendencia criollista. Discrepamos con Rafide respecto
de la evaluación de este relato: es verdad que tiene méritos de estilo
(sobre todo el dominio y corrección del lenguaje), sus descripciones
certeras y acabadas, etc.; sin embargo, a nuestro juicio es una
narración muy tradicional que se apega cronológicamente a los hechos,
pero que no hace uso de los recursos novelescos que hacen grande una
obra, como sucede, por ejemplo, con “Eloy” de Carlos Droguett. En este
sentido estamos ante una novela que aporta poco a la literatura chilena.
Sin perjuicio de esto, Ruiz Zaldívar
tiene otros muchos méritos que fueron reconocidos por otros miembros de
la Academia, como Juan Antonio Massone y Eduardo Godoy. Es decir, si
Ruiz Zaldívar no fue un gran novelista, eso no significa desconocer su
obra poética, pictórica y cronística, más su labor literaria en su
ciudad natal, cuyos rasgos genéricos llamaron la atención de la
Academia. En todo caso, y como una lección de vida, digamos que gracias a
escritores como Ruiz Zaldívar en cada provincia el arte literario y
pictórico vive, sobrevive y pugna por alcanzar cada vez mayores logros,
lo que sin duda constituye un significativo aporte a la cultura chilena.
En fin, tal como en homenajes anteriores
a otros miembros fallecidos, Ma-tías Rafide hace un trabajo altamente
meritorio por el manejo del idioma, de la información, de sus acertados
análisis y de la regia selección antológica.
Por Luis Agoni Molina