sábado, 18 de febrero de 2012

El párroco de CUREPTO sigue buscando fondos para reconstruir su iglesia: "Siempre estoy optimista"

"La madrugada del 27 de febrero de 2010 la naturaleza nos remeció con fuerza y en sólo unos minutos el pueblo de nuestra infancia se derrumbó. En el suelo quedaron las casas, los sueños y una historia compartida".
Así reza el primer párrafo del texto esculpido en la placa de mármol que el párroco de la iglesia de Curepto, Carlos Letelier (58), pretende instalar en un memorial que se levantará a la salida del pueblo.
La localidad, aquella vez, perdió el 75% de sus construcciones... y a varios de sus habitantes.
Pese a que entre los fallecidos estaba su madre de 82 años y a que se vio en la obligación de celebrar misa por más de 8 meses en la Plaza de Armas de la localidad -porque no tenía una capilla-, el sacerdote, desde el primer minuto, se dedicó a animar a la gente, haciendo hincapié en que había que salir adelante.
"Este es un proceso lento y doloroso, pero debemos recuperar el alma del pueblo, caminar en la esperanza y restablecer la vida familiar", asegura, sentado en el Hogar de Ancianos «José Cappel», que se levantó tras la tragedia gracias al aporte del Grupo Antofagasta Minerals.
Rodeado por algunos de los 19 abuelitos que allí viven, el párroco sostiene que los reclamos, protestas y manifestaciones tras el 27/F se debieron a la falta de claridad de las autoridades para recalcar que la reconstrucción sería un proceso complejo.
Pero sin perjuicio de eso, reconoce que a dos años del terremoto en Curepto se empieza a "respirar" un aire distinto: "Han comenzado muchos trabajos. Aparecieron veredas y se ve más el pueblo".
"A veces el hombre se cree superior a todo"
 "Siempre estoy optimista y trato de inyectarle ese optimismo a la gente para que tire para adelante", afirma con una sonrisa el clérigo, quien celebra que por estos días se realice una feria costumbrista en la zona que "servirá para levantar aún más el espíritu".
El desafío ahora para el párroco es conseguir los recursos necesarios para reparar el templo, el mismo que fue construido entre los años 1834 y 1844 y que hoy permanece cubierto con láminas de metal para evitar que se derrumbe.
"Estamos analizando el camino para conseguir fondos. No sabemos si será a través del Consejo de Monumentos Nacionales, la intendencia o el municipio", explica.
Y como buen hombre de fe, reflexiona sobre aquellas cosas buenas que trajo el terremoto: "Todo esto sirvió para que no nos olvidemos de lo frágiles que somos (...) A veces el hombre cree que es superior a todo".
Fuente: LaSegunda.com

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